¿La arquitectura tiene tics?
Una reflexión de Arquibuuur sobre los gestos repetitivos de la arquitectura y la identidad de nuestras ciudades.
2 de septiembre de 2026Quien me conoce sabe que hay un tic nervioso que me acompaña en mi día a día y al que hace tiempo que dejé de negarme. Porque nuestra relación ha sido peor en otros momentos, por lo que asumo que esto es el mejor punto al que podemos llegar. No nos hacemos daño.
Entonces, en ese punto de normalizar, me comencé a preguntar si solo yo tenía tics —obviamente no—, pero ya no solo aplicándolo a las personas, sino: ¿qué tiene tics?
Primero cabe definir que un tic nervioso es un movimiento o sonido involuntario, repetitivo, que puede estar relacionado con tensiones acumuladas.
Por tanto, entre esas cuestiones por supuesto llegó: ¿la arquitectura tiene tics? Podemos pensar en buscar:
- Detalles repetitivos y rápidos en el diseño.
- Resultados de tensiones estructurales.
- Gestos inesperados.
Sin embargo, también nos puede llevar a pensar en esas acciones “repetitivas e involuntarias” que a veces aplicamos a nuestros proyectos sin llegar a pensarlo mucho. Es decir, algo que hemos aprendido, estudiado y hemos continuado con ello, aplicándolo en algunas ocasiones sin mucho estudio previo.
Porque lo que realmente busco es hacer una analogía real de un tic nervioso, también de su parte negativa. Porque si algo tiene que quedar claro es que dentro de la convivencia que nos une, busco la relación más sencilla y agradable con mi tic nervioso, pero tampoco he encontrado todavía el beneficio de tenerlo.
En este sentido se me ocurre:
- Uso de huecos sin adaptación al contexto.
- Patrones estructurales rígidos.
- Tendencias pasajeras (bloque cebra).
Esto sí que empieza a generar problemas: pérdida de identidad.
No sé si es necesario entrar mucho al detalle. Estoy cansada de ver cómo mi barrio en Valencia recibe edificios de nueva construcción con una estética de huecos completamente distinta a la que tienen las viviendas tradicionales de la zona.
También de los patrones estructurales que no tienen nada que ver con las construcciones que existen en el lugar. En las construcciones más recientes que he visto, me encuentro con distancias entre pilares mínimas, en fachadas de unos cinco metros de ancho. Esto, claro, condiciona la parte anterior, la de los huecos. Además de lo que ya he bautizado como “balcón-piti”: balcones enanos que solo fomentan el tabaquismo, porque no puedes hacer nada más. ¿Qué es esto?
Y aquí sí que no voy a entrar: los famosos bloques cebra. ¿Qué pasa con la estética del lugar? O la cantidad de edificios monocromos. Recordad que urbanismo tiene una paleta de colores permitidos que suele ser más generosa y alegre. Abrid el abanico, por favor.
En conclusión, en esta situación hay que tratar el tic. No puede ser que establezcamos una relación como la que tengo yo con el mío. Analicemos la construcción y estética tradicional y, por favor, tratemos de actualizarla. Que todas las ciudades acaben siendo iguales será el fin de lo bonito en esta disciplina; seremos una ingeniería más —perdón a mis ingenieros—.