Todos sabemos y percibimos que la moda y en general, la vida, ha perdido color.

El bar de la esquina donde antes las paredes estaban cubiertas de azulejos coloridos y la barra tenía un tono de madera, o incluso metálico, que nada tenía que ver con el resto de la estética, seguramente se haya convertido en un café de especialidad con un enlucido blanco y unas lamas de madera en tono suave. Antes, era la cafetería de tu calle y ahora puede ser la cafetería de tu calle o la de tu prima.

Perdón, que me vuelvo Arquibuuur. Hoy quiero hablar de esta pérdida de colores en otro ámbito: La indumentaria fallera.

Desde que comencé a tener algo de opinión sobre mis vestidos de fallera, lo que se solía pedir era un vestido azul, rojo, verde, donde sabías que sus flores iban a tener un color totalmente en contraste con ese fondo. El ejemplo más cercano: Mi vestido de fallera azul. Fondo azul eléctrico con flores rosas y naranjas. Adoro este vestido.

Vestido de fallera azul eléctrico con flores multicolores y encaje dorado
Imagen propia

Hoy en día veo fondos color crema con flores en tono verde, por supuesto, es difícil en ocasiones contar más de tres colores en una tela. La moda atrae los formatos dicromáticos. Se han perdido los brillos, se llevan las telas más apagadas. El oro ya no es oro, es oro viejo. No me malinterpretéis, lo de parecer una bola de discoteca a mí también me paraba ya un poco. Sin embargo, creo que se nos está yendo de las manos. Alguien tiene que dar el cante.

Esto es lo que compraría hoy si quisiera hacer mi traje azul:

Tela de Alan Indumentaria con motivos florales sobre fondo azul oscuro
Imagen obtenida de Alan Indumentaria

Se ha hablado mucho de que la moda representa el momento político que estamos viviendo o que se nos viene encima, pero nunca me había parado a pensar que no solo afectaría a la moda diaria, si no también a algo tan de los valencianos como las telas de fallera.

Y sinceramente veo la causa en las redes sociales. Estas se han vuelto un escaparate para las grandes fiestas patronales, como la Feria de Sevilla o lo que me incumbe a mí, las Fallas -soy consciente de que, para todo, repito, todo, no únicamente las fiestas-.

A lo que voy es que ahora también se busca estar guapa con el traje regional, ahora también hay que hacerse la foto de rigor para subirla a Instagram donde salgas despampanante.

Se nos ha metido en la cabeza que todas podemos o debemos ser eso, no sé cuál es la percepción concreta. Lo que sí está claro, es que todas debemos tener un traje elegante, y el problema es que por elegante estamos entendiendo “sosainas” -perdón-.

Con pocas palabras: Nos hemos llevado el postureo a las fiestas regionales, y no sabéis lo que me j*de.

Ahora las niñas ya no sueñan con ser falleras para desfilar en el pasacalle, ahora quieren ser falleras porque si no, no tendrán su foto en el feed.

Disculpad la exageración, pero veo las telas actuales y todo esto aparece en mi cabeza como un borbotón de realidad que me hace querer salir de aquí.

Volviendo a la calma, no me vayáis a malinterpretar, todas merecemos una sesión de fotos con nuestro traje y bien de señoronas. Pero, como fotógrafa os pido, que esta sesión sea más que una publicación en redes. Que sea vuestro sueño, que sea vuestro impulso, que os anime a haceros todavía más fotos. Que sea el recuerdo, la alegría de haber puesto tanto empeño en hacerte ese traje, un homenaje a tu recorrido fallero. Que no quede solo en un post, por favor.

Haced que vuestros vestidos hablen de vosotras. Haced que vuestro estilo sea vuestro. No caigáis en la monotonía.